Trabajo realizado por los alumnos de 4º,5º, y 6º de Primaria del colegio San José de la Montaña de Torredonjimeno-Jaén
https://www.youtube.com/watch?v=NSIhDDywmgA&feature=channel
Trabajo realizado por los alumnos de 4º,5º, y 6º de Primaria del colegio San José de la Montaña de Torredonjimeno-Jaén
https://www.youtube.com/watch?v=NSIhDDywmgA&feature=channel
Horarios previstos de las restransmisiones:
Jesucristo y la Iglesia
El equipo que ha realizado este trabajo está compuesto por los profesoresFrancisco Varo (director), Juan Chapa, Vicente Balaguer, Gonzalo Aranda,Santiago Ausín y Juan Luis Caballero.
1. ¿Qué sabemos realmente de Jesús? (PDF) (vídeo)
2. ¿Qué fue la estrella de Oriente? (PDF) (vídeo)
3. ¿Por qué se celebra el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre? (PDF)
4. ¿Qué significa la virginidad de María? (PDF) (vídeo)
5. ¿Estuvo casado San José por segunda vez? (PDF) (vídeo)
6. ¿Qué fue la matanza de los inocentes?, ¿es histórica? (PDF) (vídeo)
7. ¿Jesús nació en Belén o en Nazaret? (PDF) (vídeo)
8. ¿Dónde y cómo nació Jesús? (PDF)
9. ¿Estaba Jesús soltero, casado o viudo? (PDF) (vídeo)
10. ¿Quiénes fueron los doce Apóstoles? (PDF) (vídeo)
11. Situación actual de la investigación histórica sobre Jesús (PDF)
12. ¿Qué actitud mostró Jesús ante las prácticas penitenciales? (PDF) (vídeo)

13. ¿Quiénes fueron los evangelistas? (PDF)
14. ¿Cómo se escribieron los evangelios? (PDF) (vídeo)
15. ¿Cómo se transmitieron los evangelios? (PDF)
16. ¿En qué idioma habló Jesús? (PDF) (vídeo)
17. ¿Qué relaciones tuvo Jesús con el imperio romano? (PDF) (vídeo)
18. ¿Se puede negar la existencia histórica de Jesús? (PDF) (vídeo)
19. ¿Qué son los evangelios canónicos y los apócrifos? ¿Cuáles y cuántos son? (PDF) (vídeo)
20. ¿Qué diferencias hay entre los evangelios canónicos y los apócrifos? (PDF) (vídeo)
21. ¿Qué dicen los evangelios apócrifos? (PDF)
22. ¿Qué son los gnósticos? (PDF)
23. ¿Qué datos aportan sobre Jesús las fuentes romanas y judías? (PDF)
24. Fariseos, saduceos, esenios, celotes ¿Quienes eran? (PDF) (vídeo)

25. ¿Qué aportan los manuscritos de Qumrán? (PDF) (vídeo)
26. ¿Qué es la biblioteca de Nag Hammadi? (PDF) (vídeo)
27. ¿Jesús tuvo hermanos? (PDF) (vídeo)
28. ¿Quién fue María Magdalena? (PDF) (vídeo)
29. ¿Qué relación tuvo Jesús con María Magdalena? (PDF) (vídeo)
30. ¿Qué dice el “Evangelio de María [Magdalena]”? (PDF) (vídeo)
31. ¿Era normal que tantas mujeres rodearan a Jesús? (PDF) (vídeo)
32. ¿Qué influencia tuvo San Juan Bautista en Jesús? (PDF) (vídeo)
33. ¿Jesús era discípulo de San Juan Bautista? (PDF)
34. ¿Qué relaciones tuvieron Pedro y María Magdalena? (PDF) (vídeo)
35. ¿Qué pasó en la Última Cena? (PDF) (vídeo)
36. ¿Por qué condenaron a muerte a Jesús? (PDF) (vídeo)

37. ¿Quién fue Caifás? (PDF) (vídeo)
38. ¿Qué era el Sanedrín? (PDF) (vídeo)
39. ¿Cómo fue la muerte de Jesús? (PDF) (vídeo)
40. ¿Cómo se explica la resurrección de Jesús? (PDF) (vídeo)
41. ¿Pudieron haber robado el cuerpo de Jesús? (PDF)
42. ¿Quién fue José de Arimatea? (PDF) (vídeo)
43. ¿En qué consiste sustancialmente el mensaje cristiano? (PDF)
44. ¿Quién fue San Pablo? ¿Cómo trasmitió las enseñanzas de Jesús? (PDF)
45. ¿Qué dice el Evangelio de Felipe? (PDF) (vídeo)
46. ¿Cómo se explican los milagros de Jesús? (PDF) (vídeo)

47. ¿Jesús quiso realmente fundar una Iglesia? (PDF) (vídeo)
48. ¿Qué es el Santo Grial? ¿Qué relaciones tiene con el Santo Cáliz? (PDF) (vídeo)
49. ¿Quién fue Poncio Pilato? (PDF) (vídeo)
50. ¿Qué afinidades políticas tenía Jesús? (PDF) (vídeo)
51. ¿Quién fue Constantino? (PDF) (vídeo)
52. ¿Qué fue el Edicto de Milán? (PDF) (vídeo)
53. ¿Qué sucedió en el Concilio de Nicea? (PDF) (vídeo)
54. ¿Qué dice el Evangelio de Judas? (PDF) (vídeo)
Los maestros de religión siempre debemos estar formándonos y reinventando nuevas formas de dar clase y nuevas actividades que promocionen nuentra asignatura. Siempre intentamos transmitir nuestro mensaje con juegos, actividades, canciones ... todo de la manera más creativa posible, pero a veces se nos acaban las ideas o simplemente tenemos muchos cursos y mucho trabajo para llevar a cabo nuevas cosas.
Os dejo el enlace a un nuevo blog que hemos creado dos amigas maestras de religión. Nosotras ya tenemos un blog cada una en nuestros respectivos colegios pero están pensados y dirigidos para nuestros alumnos, pero ahora nuestra pretensión es otra.
Intentaremos poner nuevas actividades de creación propia, nuevos proyectos, ayuda a nuevos maestros que empiezan e ideas a maestros con mucha experiencia que seguro ya las han pensado pero no se han animado a llevarlas a cabo.
Pretendemos poner actividades diversas pensando sobre todo en los maestros que, por diferentes motivos, no tienen libro de texto que les ayude a llevar su clase.
Aprendemos en reli - Recursos para maestros
Espero que os guste y ayude a vuestras clases
Os dejo este vídeo para que reenviéis a vuestros amigos de los alumnos de 5º y 6º del Colegio de La Presentación de Guadix(Granada):
http://padrenuestro.net/la-semana-santa-desde-los-ojos-de-los-ninos
El Tribunal Supremo (TS) ha reconocido el derecho de una profesora de la asignatura de Religión del IES Puerta de Andalucía de Santa Olalla del Cala (Huelva) a que se le reconozca el tiempo prestado como profesora de religión en el citado centro como mérito baremable en el procedimiento selectivo para el ingreso en el Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria.
Según reza en la sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, la recurrente perdió la plaza al no contarle este tiempo trabajado, por lo que consecuencia de ello, debe aumentarse su puntuación obtenida en la fase de concurso de la prueba de acceso en 3,0095 puntos, que sumados a los 6,0000 concedidos por el tribunal, conllevan una puntuación definitiva de 9,0095 puntos en la fase de concurso.
Así, el Supremo admite el recurso de casación interpuesto por esta profesora contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) que desestimaba el recurso de ésta contra la Orden de la Consejería de Educación que denegaba el reconocimiento.
Esta profesora consideraba que respecto a lo dispuesto en la Orden de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía de 25 de Febrero del 2008 por el que se convocaban las oposiciones, se debía aumentar la puntuación obtenida en la fase de concurso de la prueba de acceso en 3,0095 puntos, lo que le hubiera valido obtener una plaza de funcionario en prácticas.
El Supremo alude a la Ley sobre Calidad de la Enseñanza que recoge que "la experiencia docente que deriva de su genérica impartición en Centros Públicos, debía ser incluida como mérito a valorar en la fase de concurso", y establece que en el caso de que debiera haber resultado incluida en la lista de personal seleccionado, a declarar superado el procedimiento selectivo, se le nombre provisionalmente personal funcionario en prácticas.
Fuente: mundo.es
COBERTURA DEL VIAJE DEL SANTO PADRE A MEXICO Y CUBA
http://www.aciprensa.com/benedictoxvi/viajes/mexico-cuba2012/ :
(clicar en enlace para verlo completo)
México: Visita del Papa reunió 3.5 millones de personas en Guanajuato
Nuevas vocaciones participarán en primera Misa del Papa en Cuba
Benedicto XVI: Ahora entiendo por qué Juan Pablo II se sentía mexicano
Que la Iglesia sea “semilla de esperanza” para América Latina, pide Benedicto XVI a obispos
La verdadera devoción a María nos acerca siempre a Jesús, recuerda Benedicto XVI
Cansancio no es nada para ver al Papa, dicen católicos en Misa de Guanajuato
Objetivo esencial de viaje del Papa a México se ha cumplido, dice P. Lombardi
Benedicto XVI al pie de Cristo Rey aboga por corazones nuevos para América Latina
Benedicto XVI recibió saludo de víctimas de la violencia en México
Benedicto XVI asegura que visita a México alegra a Juan Pablo II en el Cielo
Benedicto XVI celebra Misa ante más de 600.000 fieles en México
http://www.monografias.com/trabajos10/vipru/vipru.shtml
Indice
1. Introducción
2. Areté
3. Las virtudes.
4. De la gracia del Espíritu Santo a las virtudes.
5. Conclusión.
6. Bibliografía.
1. Introducción
Este trabajo está organizado de la siguiente manera: Primero hago una aproximación a la Virtud, pasando casi inadvertidamente a la diferenciación de las Virtudes, mientras que luego me detengo en una de las virtudes cardinales: la Prudencia, aquí la desarrollo tomando varios autores, principalmente Santo Tomás, con la pregunta ¿qué es la prudencia?, para después pasar a descubrir el camino que nos propone el padre Angélico y finalmente el papel de la Gracia del Espíritu Santo en relación a las virtudes.
El deseo de responder a varios interrogantes me llevo a investigar sobre este tema, o sea, aparte del objetivo principal que tiene como final de unamateria. Con esto me gustaría aclarar que hay varios autores mezclados (citados al pie) por lo que antes mencionaba, pero que me ayudaron a ir divisando a través que avanzaba el trabajo la importancia de la virtudes en nuestra vida.
La virtud en general: Es un "hábito operativo bueno"; definición completa pero densa: el termino hábito significa una cualidad permanente que no se pierde con facilidad; operativo quiere indicar a que esta ordenado el hábito de la virtud, perfecciona el sujeto directamente para que este pueda realizar mejor su actividad propia; bueno podría parecer innecesario: el acto de toda potencia es bueno, porque no es más que una realización de su propio dinamismo natural. Este nunca podría ser malo. Aquí entendemos bueno en sentido pleno: el acto no es bueno solo respecto de la potencia, sino respecto de todo el hombre. Este es una persona que tiende a su propia perfección: para alcanzarla no puede permitir que cada potencia actúe de modo independiente, sino que debe regularla para el pleno y armónico desarrollo de su personalidad. La acción será completamente buena solo si ayuda alhombre a realizar su perfección humana. Además, el hombre, al ser una persona creada, solo puede ser perfecto en la adhesión perfecta a Dios.
En el Bautismo Dios infunde en el alma, sin ningún merito nuestro las virtudes, que son disposiciones habituales y firmes para hacer el bien. Las virtudes infusas son teologales y morales. Las teologales tienen como objeto a Dios, las morales tienen como objeto los actos humanos buenos.
Si recurrimos al vocabulario de teología podemos afirmar que, el hombre perfecto, no es el que se esfuerza por ser tal, sino que el que busca a Dios para alcanzarlo; sigue el camino que Dios mismo trazó y que es el único por el que se puede desarrollar y realizar como persona e hijo de Dios; esta actitudfundamental se expresa por la formula andar con Dios. Esta actitud es la que hace de Noé un hombre integro contrario a los malos que lo rodean. La virtud consiste en una viva relación con Dios, en una conformidad de sus palabras, en una obediencia a sus voluntades, en una orientación profunda y estable hacia Él; esta relación hace al hombre justo; esta fidelidad en seguir el camino del Señor es la virtud fundamental que Abraham deberá enseñar a sus hijos, y cuya práctica es la condición de la alianza. En el corazón se halla la raíz de la virtud. En él deben grabarse las palabras de Dios para que sean en él el principio de fidelidad amante que es el alma de toda virtud.
"todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta".
La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la persona no solo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende al bien, lo busca y lo elige a través de acciones concretas.
Las virtudes teologales son tres: Fe, Esperanza y Caridad, mientras que las morales o cardinales son cuatro: prudencia, justicia, templanza y fortaleza.
Virtudes Teologales.
Fe: es la por la cual creemos en Dios.
Esperanza: Por ella esperamos y deseamos de Dios, con una firme confianza, la vida eterna y las gracias para merecerlas.
Caridad: Es por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestros prójimos como a nosotros mismos.
Virtudes Cardinales.
Prudencia: Dispone de razón práctica para discernir nuestro verdadero bien y elegir los medios justos para realizarlo.
Justicia: Consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que le es debido.
Fortaleza: Asegura la firmeza y la constancia en la práctica del bien.
Templanza: Modera la atracción hacia los placeres sensibles y procura la moderación en el uso de los bienes creados.
Tomando la "vida espiritual" de Servais pinckaers, nos dirá que: Las virtudes son actitudes firmes que nos hacen actuar buscando lo mejor y tender hacia la perfección que nos conviene a nuestra persona y a nuestras obras. En una palabra: las virtudes nos permiten ejercer plenamente nuestro oficio de hombre. Solo la experiencia revela verdaderamente lo que pueden ser estas cualidades dinámicas. Recordemos que las virtudes así entendidas no son simples hábitos, una especie de mecanismo psíquico formado en nosotros mediante la repetición de los mismo actos materiales, que disminuirían el compromiso personal; son propiamente "hábito", disposiciones a obrar cada vez mejor obtenidas por una sucesión de actos inteligentes y libres.
Una virtud especial.
La prudencia.
Después de haber desarrollado brevemente las virtudes en general me detengo en la virtud llamada por Santo Tomás "virtud especial": La prudencia.
Para tratar de dilucidar la significación de esta virtud recurrimos a varias fuentes con la pregunta: ¿Qué es la Prudencia?
De esta manera descubrimos que la prudencia es la virtud que permite abrir la puerta para la realización de las otras virtudes y las encamina hacia el fin del hombre, "la felicidad"; entonces vemos su relación con la aquella otra virtud esencial: "La caridad", y podemos decir que estas dos virtudes son los nexos necesarios para todas las otras. Volviendo a la "Vida Espiritual" leemos:
La caridad es el amor de Dios dado por el Espíritu Santo, que ejerce tanto en nosotros como en la Iglesia, su poder unificador: la caridad reúne todas las virtudes, como en un cuerpo vivo, y las ordena, cada una en su rango, según su papel, a la vida amorosa de Dios, fin ultimo verdadero y pleno del hombre. La caridad es la virtud por excelencia. Se encuentra en la fuente misma de la vida espiritual. Podemos compararla con la sangre, que bajo el impulso del corazón, circula por todo el cuerpo para alimentar los órganos. Sin ella, las otras virtudes se vuelven estériles y se marchitan; no pueden fructiferar ante Dios. Sin embargo la caridad no podría desarrollar su obra sin la prudencia, que representa para la vida espiritual lo que el ojo para el cuerpo. Gracias a la prudencia, virtud del juicio y la decisión, es como sabemos descubrir la medida que conviene en el ejercicio de cada virtud, incluida la práctica de la caridad. Por muy generosa que sea esta, se echaría a perder sin el discernimiento de la razón. La prudencia, como virtud de la razón creyente y amorosa, ejerce, también una función general entre las virtudes: asegura su conexión en el juicio sobre la acción concreta y nos guía paso a paso por los caminos que nos conducen a la bienaventuranza prometida.
Como alcanzarla.
Santo Tomás nos propone un camino por recorrer para llegar a una acción regulada por la prudencia:
Si seguimos este camino podremos actuar prudentemente y es camino seguro hacia la felicidad, aunque falta agregar la acción que el Espíritu Santo realiza dentro nuestro.
4. De la gracia del Espíritu Santo a las virtudes.
En la vida espiritual y en el origen de su estructura se encuentra el Espíritu Santo que recibimos por la fe en Cristo, cuando abrimos nuestra inteligenciay nuestra voluntad a la luz de la Palabra de Dios. A la fe se le asocian, en un mismo movimiento la esperanza y la caridad, que la vuelven activa. Mediante este compromiso espiritual, la gracia del Espíritu penetra en las virtudes morales, regidas por la razón y agrupadas en torno a la prudencia, que discierne lo que conviene hacer. La Gracia llega hasta la sensibilidad y la imaginación y desciende hasta las profundidades del inconsciente; se encarna asociando el mismo cuerpo al obrar espiritual, y de este modo ordena a todo el hombre a la bienaventuranza de Dios.
Por otra parte, en virtud de nuestra condición carnal asumida por Cristo, a la gracia interior le corresponden como instrumentos exteriores y visibles, la Escritura en su texto, la Biblia, y los Sacramentos con la liturgia. Así se establece una conexión esencial entre la vida espiritual, animada por las virtudes, la lectura de la Escritura como Palabra de Dios y la vida sacramental, dispuesta en torno al Bautismo y la Eucaristía, como celebración de la Pasión del Señor.
Me gustaría citar la parábola de la diez jóvenes ya que creo que aquí aparece completamente dibujado como deberíamos actuar y como no; ya que si hacemos una lectura detenida, vemos como las jóvenes prudentes descubren que sus lámparas podían llegar a quedarse sin aceite, esto lo saben porque supieron tener en cuenta un hecho anterior (alguna vez se habrán quedado sin aceite) del cual aprendieron, quizás la duración del aceite u otra cosa, y obraron en virtud del daño que podían sufrir si se les acababa el aceite y de la recompensa que tendrían si no. Al final vemos que las prudentes son las que entran a celebrar con el esposo mientras que las imprudentes, quedan fuera; aquí quedo claro: la imprudencia nos aleja de la espera firme del Señor y nos obstaculiza el encuentro con Él. También en esta lectura se trasluce el camino ofrecido por Santo Tomás para llegar a actuar prudentemente.
A todo esto creo que hay que sumarle la Gracia bautismal que nos ayuda a tener en cuenta al momento de obrar si lo hacemos con caridad, y en virtud de aquella perenne Ley: Cristo encarnado: Señor y modelo de todas las virtudes.
6. Bibliografía.
Santo Tomás de Aquino.
Suma de Teología. II-II. BAC. 1990.
Servais Pinckaers, op.
La vida espiritual. Cap. XI. EDICEP. 1994.
Ermanno Ancilli.
Diccionario de Espiritualidad. Tomo III. HERDER. 1984.
Catecismo de La Iglesia Católica.
Cap. III – La vida en Cristo – Art. 7. LIBRERÍA JUAN PABLO II. 1992.
Miguel Cobaleda.
Libro de las Horas. Fragmentos Filosóficos.
Moral Salmanticense, Compendio.
Tratado IV, de las virtudes. Cap. II, punto. I.
León – Dufour.
Vocabulario de teología bíblica. HERDER.
Autor:
Andrés F. Espíndola
Seminarista de la Diócesis de Resistencia.
|
http://www.thetoymaker.com/Holidays/Easter/1Easter.html
"La felicidad viene a través de puertas que usted ni siquiera sabía que se dejó abierta!" Desconocido
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Tres niños y un profesor de religión de 25 años de edad han fallecido en un colegio judío de Toulouse. A las 7.55 de la mañana, un hombre que llegó en una moto negra, armado con una pistola y una metralleta, ha asesinado los tres alumnos y el docente del colegio Ozar Hatorah, en el barrio residencial de Roserai, en el sur de Francia.
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/03/19/actualidad/1332144428_465739.html
http://qdiario.com/tres-menores-y-un-profesor-de-religion-asesinados-en-el-sur-de-francia.html
http://www.churchforum.org/oracion-hijos-por-sus-padres.htm
Dios, concédeme comprender mejor a mis padres, y saber devolverles amor por amor.
Si yo no puedo amarlos como antes es que debo amarlos mas.
No ya como un niño que balbucea, sino como un hombre que sabe lo que tiene que decir, y que expresa su alma en un lenguaje dulce y fuerte.
Yo me acercaré a mi padre y a mi madre, que sufren por mí, y cuyo trabajo hasta ahora no he apreciado.
Esta noche diré y repetiré, con más comprensión que otras veces, la antigua oración de mi infancia:
Padre nuestro, que estás en los cielos, escucha a tus hijos. Te pedimos por nuestros padres.
Por medio de ellos nos lo diste todo, devuélveles todo el bien que nos han hecho.
Nos han dado la vida: consérvales la salud.
Nos han dado el alimento: dales el pan de cada día.
Nos han dado el vestido: que sus almas se hallen vestidas siempre de tus gracias.
Concédeles sobre la tierra la felicidad que se encuentra en servirte y amarte.
Y haz que podamos estar un día reunidos en el cielo. Amén
Ya quisiera yo, Señor, un martillo como el de san José
que, en lugar de dar golpes, supiera comprender.
San-Jose-150x150.jpgYa quisiera yo, Señor, un cepillo como el de san José,
para pulir mi carácter y sonreír sin nada que temer.
Ya quisiera yo, Señor, un taller lleno de virutas como el de san José,
donde todos quepan y el mundo aparezca, por momentos, al revés.
Ya quisiera yo, Señor, un trozo de madera como la de san José,
para que a nadie le falte una mesa, una silla
o un lugar donde reposar los pies.
Ya quisiera yo, Señor, un metro como el de san José,
medir las cosas buenas que me rodean
y cantar a papá y a mamá un olé, olé.
Ya quisiera yo, Señor…
Fernando Cordero Morales ss.cc.
Con motivo de la celebración del Día del Seminario, que se celebra el próximo 18 de marzo, la Conferencia Episcopal Española ha lanzado un vídeo, que se puede ver en Youtube y compartir en las redes sociales.
Seguro que le encontráis una aplicación didáctica para vuestras clases de religión. Un análisis del mismo, y lo que en él se comenta, puede ayudar para clarificar las finalidades de este sacramento de servicio.
Aunque el objetivo real de este vídeo es suscitar vocaciones sacerdotales mediante la sensibilización, dirigida a toda la sociedad, y en particular a las comunidades cristianas, se puede aplicar también como un recurso didáctico.
Todas las iniciativas que se irán desarrollando en torno a esta Campaña se articularán en torno a una nueva web que servirá como punto de encuentro.
En www.teprometounavidaapasionante.com encontraremos el vídeo y el resto de materiales. La web contará con información de los seminarios españoles y con testimonios de seminaristas y sacerdotes.
"Nueva evangelización en la escuela. Formar en la fe hoy"
“La Nueva Evangelización exige profesores de religión en formación continua y un trabajo creativo que realce el atractivo de la fe”
“El papa Benedicto XVI tiene un interés muy grande en la Nueva Evangelización: una llamada a todos los cristianos a renovar nuestra identidad y el entusiasmo por la fe que profesamos. Esta tarea implica a los profesores de religión y les exige una profunda y continua formación, y un trabajo creativo para hacer brillar el atractivo que tiene la fe cristiana también para los jóvenes de hoy”. Así lo aseguró José Manuel Fidalgo, subdirector del Instituto Superior de Ciencias Religiosas (ISCR) de la Universidad de Navarra, con motivo de las V Jornadas Teológico-Didácticas del ISCR, que se celebraron en Madrid.
Según el profesor de la Facultad de Teología del campus pamplonés, las líneas de trabajo para la formación cristiana en la escuela deben ser muy variadas. Entre ellas, destacó “el conocimiento y el uso habitual del Catecismo de la Iglesia Católica, la importancia de una buena formación sobre el sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía para la vida cristiana, el aprendizaje de la oración como encuentro personal con Jesucristo y, por supuesto, intensificar el testimonio de la caridad cristiana, tal como está recordando con insistencia el Santo Padre”.
Sesiones teóricas y experiencias didácticas
120 personas de toda España participaron en la V edición de las Jornadas Teológico Didácticas, que tuvieron lugar en la sede del IESE de la Universidad de Navarra en Madrid bajo el título ‘Nueva evangelización en la escuela. Formar en la fe hoy’.
En la actividad se analizó la incidencia que puede tener el próximo Sínodo de los Obispos, que versará sobre ‘La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana’, en las tareas de la formación cristiana en la escuela.
La jornada comenzó con dos sesiones: ‘Nueva evangelización en clave teológica. El cristiano ante los desafíos del mundo actual’, a cargo del profesor Antonio Aranda; y ‘Nueva evangelización en clave pedagógica. Líneas de trabajo para la formación cristiana en la escuela’, que impartió el profesor José Manuel Fidalgo. Posteriormente, tuvieron lugar dos experiencias didácticas y un coloquio con los ponentes para poner en común ideas y experiencias.
Fuente: SIC
Los derechos de las naciones Discurso de S.S. Juan Pablo II ante la Asamblea general de las Naciones Unidas Señor presidente; ilustres señoras y señores:
1. Es un honor para mí tomar la palabra en esta Asamblea de los pueblos, para celebrar con los hombres y mujeres de todos los países, razas, lenguas y culturas, los cincuenta años de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas. Soy plenamente consciente de que, hablando a esta respetable Asamblea, tengo la oportunidad de dirigirme, en cierto sentido, a toda la familia de los pueblos de la tierra. Mi palabra, que quiere ser signo de la estima y del interés de la Sede apostólica y de la Iglesia católica por esta institución, se une de buen grado a la voz de quienes ven en la ONU la esperanza de un futuro mejor para la sociedad de los hombres. Expreso un profundo agradecimiento, en primer lugar, al secretario general, doctor Butros Butros Gali, por haber alentado vivamente mi visita. Estoy también agradecido a usted, señor presidente, por la cordial bienvenida con la que me ha acogido en esta eminente reunión. Saludo asimismo a todos ustedes y les expreso mi reconocimiento por su presencia y por su amable atención. He venido hoy entre ustedes con el deseo de ofrecer mi contribución a la significativa profundización sobre la historia y el papel de esta Organización, que acompaña y enriquece la celebración de este aniversario. La Santa Sede, en virtud de la misión específicamente espiritual que la hace mirar solícitamente al bien integral de cada ser humano, ha sostenido decididamente, desde el principio, los ideales y objetivos de la Organización de las Naciones Unidas. La finalidad y modo de actuación, obviamente, son diversos, pero la común preocupación por la familia humana, abre constantemente a la Iglesia y a la ONU vastas áreas de colaboración. Es este convencimiento el que orienta y anima mi reflexión de hoy. Ésta no se detendrá en cuestiones específicas sociales, políticas o económicas, sino más bien en las consecuencias que los cambios extraordinarios acaecidos en los años recientes tienen para el presente y el futuro de toda la humanidad. Un patrimonio común de la humanidad
2. Señoras y señores, en el umbral de un nuevo milenio somos testigos de cómo aumenta de manera extraordinaria y global la búsqueda de libertad, que es una de las grandes dinámicas de la historia del hombre. Este fenómeno no se limita a una sola parte del mundo, ni es expresión de una única cultura. Al contrario, en cada rincón de la tierra hombres y mujeres, aunque amenazados por la violencia, han afrontado el riesgo de la libertad, pidiendo que les fuera reconocido el espacio en la vida social, política y económica que les corresponde por su dignidad de personas libres. Esta búsqueda universal de libertad es verdaderamente una de las características que distinguen nuestro tiempo. En mi anterior visita a las Naciones Unidas, el 2 de octubre de 1979, tuve ocasión de poner de relieve cómo la búsqueda de libertad en nuestro tiempo tiene su fundamento en aquellos derechos universales de los que el hombre goza por el simple hecho de serlo.En Asia y en África, en América, en Oceanía y en Europa, hombres y mujeres Fue precisamente la barbarie cometida contra la dignidad humana lo que llevó a la Organización de las Naciones Unidas a formular, apenas tres años después de su constitución, la Declaración universal de los derechos del hombre que continúa siendo en nuestro tiempo una de las más altas expresiones de la conciencia humana.
En Asia y en África, en América, en Oceanía y en Europa, hombres y mujeres decididos y valientes han apelado a esta Declaración para dar fuerza a las reivindicaciones de una mayor participación en la vida de la sociedad.
3. Es importante para nosotros comprender lo que podríamos llamar la estructura interior de este movimiento mundial. Una primera y fundamental «clave» de la misma nos la ofrece precisamente su carácter planetario, confirmando que existen realmente unos derechos humanos universales, enraizados en la naturaleza de la persona, en los cuales se reflejan las exigencias objetivas e imprescindibles de una ley moral universal. Lejos de ser afirmaciones abstractas, estos derechos nos dicen más bien algo importante sobre la vida concreta de cada hombre y de cada grupo social. Nos recuerdan también que no vivimos en un mundo irracional o sin sentido, sino que, por el contrario, hay una lógica moral que ilumina la existencia humana y hace posible el diálogo entre los hombres y entre los pueblos. Si queremos que un siglo de constricción deje paso a un siglo de persuasión, debemos encontrar el camino para discutir, con un lenguaje comprensible y común, acerca del futuro del hombre. La ley moral universal, escrita en el corazón del hombre, es una especie de «gramática» que sirve al mundo para afrontar esta discusión sobre su mismo futuro.
En este sentido, es motivo de seria preocupación el hecho de que hoy algunos nieguen la universalidad de los derechos humanos, así como niegan que haya una naturaleza humana común a todos. Ciertamente, no hay un único modelo de organización política y económica de la libertad humana, ya que culturas diferentes y experiencias históricas diversas dan origen, en una sociedad libre y responsable, a diferentes formas institucionales. Pero una cosa es afirmar un legítimo pluralismo de «formas de libertad», y otra cosa es negar el carácter universal o inteligible de la naturaleza del hombre o de la experiencia humana. Esta segunda perspectiva hace muy difícil, o incluso imposible, una política internacional de persuasión.
4. Las dinámicas morales de la búsqueda universal de la libertad han aparecido claramente en Europa central y oriental con las revoluciones no violentas de 1989. Aquellos históricos acontecimientos, acaecidos en tiempos y lugares determinados, han ofrecido, no obstante, una lección que va más allá de los confines de un área geográfica específica. Las revoluciones no violentas de 1989 han demostrado que la búsqueda de la libertad es una exigencia ineludible que brota del reconocimiento de la inestimable dignidad y valor de la persona humana, y acompaña siempre el compromiso en su favor. El totalitarismo moderno ha sido, antes que nada, una agresión a la dignidad de la persona, una agresión que ha llegado incluso a la negación del valor inviolable de su vida. Las revoluciones de 1989 han sido posibles por el esfuerzo de hombres y mujeres valientes, que se inspiraban en una visión diversa y, en última instancia, más profunda y vigorosa: la visión del hombre como persona inteligente y libre, depositaria de un misterio que la transciende, dotada de la capacidad de reflexionar y de elegir y, por tanto, capaz de sabiduría y de virtud. Decisiva, para el éxito de aquellas revoluciones no violentas, fue la experiencia de la solidaridad social: ante regímenes sostenidos por la fuerza de la propaganda y del terror, aquella solidaridad constituyó el núcleo moral del «poder de los no poderosos», fue una primicia de esperanza y es un aviso sobre la posibilidad que el hombre tiene de seguir, en su camino a lo largo de la historia, la vía de las más nobles aspiraciones del espíritu humano.
Mirando hoy aquellos acontecimientos desde este privilegiado observatorio mundial, es imposible no ver la coincidencia entre los valores que han inspirado aquellos movimientos populares de liberación y muchas de las obligaciones morales escritas en la Carta de las Naciones Unidas. Pienso, por ejemplo, en la obligación de «reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana»; como también en el deber de «promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de libertad» (Preámbulo). Los cincuenta y un Estados que fundaron esta Organización en 1945 encendieron verdaderamente una antorcha, cuya luz puede dispersar las tinieblas causadas por la tiranía, luz que puede indicar la vía de la libertad, de la paz y de la solidaridad.
5. La búsqueda de la libertad en la segunda mitad del siglo XX ha comprometido no sólo a los individuos, sino también a las naciones. A cincuenta años del final de la segunda guerra mundial es importante recordar que aquel conflicto tuvo su origen en violaciones de los derechos de las naciones. Muchas de ellas sufrieron tremendamente por la única razón de ser consideradas «otras». Crímenes terribles fueron cometidos en nombre de doctrinas nefastas, que predicaban la «inferioridad» de algunas naciones y culturas. En cierto sentido se puede decir que la Organización de las Naciones Unidas nació de la convicción de que semejantes doctrinas eran incompatibles con la paz; y el esfuerzo de la Carta por «preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra»(Preámbulo) implicaba seguramente el compromiso moral de defender a cada nación y cultura de agresiones injustas y violentas.
Por desgracia, incluso después del final de la segunda guerra mundial, los derechos de las naciones han continuado siendo violados. Por poner sólo algunos ejemplos, los Estados Bálticos y amplios territorios de Ucrania y Bielorrusia fueron absorbidos por la Unión Soviética, como había sucedido ya con Armenia, Azerbaiyán y Georgia en el Cáucaso. Simultáneamente, las llamadas «democracias populares» de Europa central y oriental perdieron de hecho su soberanía y se les exigió someterse a la voluntad que dominaba el bloque entero. El resultado de esta división artificial de Europa fue la «guerra fría», es decir, una situación de tensión internacional en la que la amenaza del holocausto nuclear estaba suspendida sobre la cabeza de la humanidad. Sólo cuando se restableció la libertad para las naciones de Europa central y oriental, la promesa de paz, que debería haber llegado con el final de la guerra, comenzó a concretarse para muchas de las víctimas de aquel conflicto.
6. La Declaración universal de los derechos del hombre, adoptada en 1948, ha tratado de manera elocuente de los derechos de las personas, pero todavía no hay un análogo acuerdo internacional que afronte de modo adecuado los derechos de las naciones. Se trata de una situación que debe ser considerada atentamente, por las urgentes cuestiones que conlleva acerca de la justicia y la libertad en el mundo contemporáneo.
y de las naciones se ha presentado repetidamente a la conciencia de la humanidad, suscitando también unaEn realidad, el problema del pleno reconocimiento de los derechos de los pueblos notable reflexión ético-jurídica. Pienso en el debate desarrollado durante el concilio de Constanza en el siglo XV, cuando los representantes de la Academia de Cracovia, encabezados por Pawel Wlodkowic, defendieron con tesón el derecho a la existencia y a la autonomía de ciertas poblaciones europeas. Muy conocida es también la reflexión llevada a cabo, en aquella misma época, por la Universidad de Salamanca en relación con los pueblos del nuevo mundo. En nuestro siglo, además, ¿cómo no recordar la palabra profética de mi predecesor Benedicto XV, que en el transcurso de la primera guerra mundial recordaba a todos que «las naciones no mueren», e invitaba a «ponderar con conciencia serena los derechos y las justas aspiraciones de los pueblos»? (A los pueblos beligerantes y a sus jefes, 28 de julio de 1915).
7. El problema de las nacionalidades se sitúa hoy en un nuevo horizonte mundial, caracterizado por una fuerte «movilidad», que hace los mismos confines étnico-culturales de los diversos pueblos cada vez menos definidos, debido al impulso de múltiples dinamismos como las migraciones, los medios de comunicación social y la mundialización de la economía. Sin embargo, en este horizonte de universalidad vemos precisamente surgir con fuerza la acción de los particularismos étnico-culturales, casi como una necesidad impetuosa de identidad y de supervivencia, una especie de contrapeso a las tendencias homologadoras. Es un dato que no se debe infravalorar, como si fuera un simple residuo del pasado, éste requiere más bien ser analizado, para una reflexión profunda a nivel antropológico y ético-jurídico.
Esta tensión entre particular y universal se puede considerar inmanente al ser humano. La naturaleza común mueve a los hombres a sentirse, tal como son, miembros de una única gran familia. Pero por la concreta historicidad de esta misma naturaleza, están necesariamente ligados de un modo más intenso a grupos humanos concretos; ante todo la familia, después los varios grupos de pertenencia, hasta el conjunto del respectivo grupo étnico-cultural, que, no por casualidad, indicado con el término «nación» evoca el «nacer», mientras que indicado con el término «patria» («fatherland»), evoca la realidad de la misma familia. La condición humana se sitúa así entre estos dos polos —la universalidad y la particularidad— en tensión vital entre ellos; tensión inevitable, pero especialmente fecunda si se vive con sereno equilibrio.
8. Sobre este fundamento antropológico se apoyan también los «derechos de las naciones», que no son sino los «derechos humanos» considerados a este específico nivel de la vida comunitaria. Una reflexión sobre estos derechos ciertamente no es fácil, teniendo en cuenta la dificultad de definir el concepto mismo de «nación», que no se identifica a priori y necesariamente con el de Estado. Es, sin embargo, una reflexión improrrogable, si se quieren evitar los errores del pasado y tender a un orden mundial justo.
Presupuesto de los demás derechos de una nación es ciertamente su derecho a la existencia: nadie, pues, —un Estado, otra nación, o una organización internacional— puede pensar legítimamente que una nación no sea digna de existir. Este derecho fundamental a la existencia no exige necesariamente una soberanía estatal, siendo posibles diversas formas de agregación jurídica entre diferentes naciones, como sucede por ejemplo en los Estados federales, en las Confederaciones, o en Estados caracterizados por amplias autonomías regionales. Puede haber circunstancias históricas en las que agregaciones distintas de una soberanía estatal sean incluso aconsejables pero con la condición de que eso suceda en un clima de verdadera libertad, garantizada por el ejercicio de la autodeterminación de los pueblos. El derecho a la existencia implica naturalmente para cada nación también el derecho a la propia lengua y cultura, mediante las cuales un pueblo expresa y promueve lo que llamaría su originaria «soberanía» espiritual. La historia demuestra que en circunstancias extremas (como aquellas que se han visto en la tierra donde he nacido), es precisamente su misma cultura lo que permite a una nación sobrevivir a la pérdida de la propia independencia política y económica. Toda nación tiene también consiguientemente derecho a modelar su vida según las propias tradiciones, excluyendo, naturalmente, toda violación de los derechos humanos fundamentales y, en particular, la opresión de las minorías. Cada nación tiene el derecho de construir el propio futuro proporcionando a las generaciones más jóvenes una educación adecuada.
Pero si los «derechos de la nación» expresan las exigencias vitales de la «particularidad», no es menos importante subrayar las exigencias de la universalidad, expresadas a través de una fuerte conciencia de los deberes que unas naciones tienen con otras y con la humanidad entera. El primero de todos es, ciertamente, el deber de vivir con una actitud de paz, de respeto y de solidaridad con las otras naciones. De este modo el ejercicio de los derechos de las naciones, equilibrado por la afirmación y la práctica de los deberes, promueve un fecundo «intercambio de dones», que refuerza la unidad entre todos los hombres.
9. En los diecisiete años pasados, durante mis peregrinaciones pastorales entre las comunidades de la Iglesia católica, he podido entrar en diálogo con la rica diversidad de naciones y culturas de todas las partes del mundo. Desgraciadamente, el mundo debe aprender todavía a convivir con la diversidad, como nos han recordado dolorosamente los recientes acontecimientos en los Balcanes y en África central. La realidad de la «diferencia» y la peculiaridad del «otro» pueden sentirse a veces como un peso, o incluso como una amenaza. El miedo a la «diferencia», alimentado por resentimientos de carácter histórico y exacerbado por las manipulaciones de personajes sin escrúpulos, puede llevar a la negación de la humanidad misma del «otro», con el resultado de que las personas entran en una espiral de violencia de la que nadie —ni siquiera los niños— se libra. Tales situaciones nos son hoy bien conocidas, y en mi corazón y en mis oraciones están presentes en este instante de modo especial los sufrimientos de las martirizadas poblaciones de Bosnia-Herzegovina.
Por amarga experiencia, por tanto, sabemos que el miedo a la «diferencia», especialmente cuando se expresa mediante un reductivo y excluyente nacionalismo que niega cualquier derecho al «otro», puede conducir a una verdadera pesadilla de violencia y de terror. Y sin embargo, si nos esforzamos en valorar las cosas con objetividad, podemos ver que, más allá de todas las diferencias que caracterizan a los individuos y los pueblos, hay una fundamental dimensión común,ya que las varias culturas no son en realidad sino modos diversos de afrontar la cuestión del significado de la existencia personal. Precisamente aquí podemos identificar una fuente del respeto que es debido a cada cultura y a cada nación: toda cultura es un esfuerzo de reflexión sobre el misterio del mundo y, en particular, del hombre: es un modo de expresar la dimensión trascendente de la vida humana. El corazón de cada cultura está constituido por su acercamiento al más grande de los misterios: el misterio de Dios.
10. Por tanto, nuestro respeto por la cultura de los otros está basado en nuestro respeto por el esfuerzo que cada comunidad realiza para dar respuesta al problema de la vida humana. En este contexto nos es posible constatar lo importante que es preservar el derecho fundamental a la libertad de religión y a la libertad de conciencia, como pilares esenciales de la estructura de los derechos humanos y fundamento de toda sociedad realmente libre. A nadie le está permitido conculcar estos derechos usando el poder coactivo para imponer una respuesta al misterio del hombre.
Querer ignorar la realidad de la diversidad —o, peor aún, tratar de anularla— significa excluir la posibilidad de sondear las profundidades del misterio de la vida humana. La verdad sobre el hombrees el criterio inmutable con el que todas las culturas son juzgadas, pero cada cultura tiene algo que enseñar acerca de una u otra dimensión de aquella compleja verdad. Por tanto la «diferencia», que algunos consideran tan amenazadora, puede llegar a ser, mediante un diálogo respetuoso, la fuente de una comprensión más profunda del misterio de la existencia humana.
11. En este contexto es necesario aclarar la divergencia esencial entre una forma peligrosa denacionalismo, que predica el desprecio por las otras naciones o culturas, y el patriotismo, que es, en cambio, el justo amor por el propio país de origen. Un verdadero patriotismo nunca trata de promover el bien de la propia nación en perjuicio de otras. En efecto, esto terminaría por acarrear daño también a la propia nación, produciendo efectos perniciosos tanto para el agresor como para la víctima. El nacionalismo, especialmente en sus expresiones más radicales, se opone por tanto al verdadero patriotismo, y hoy debemos empeñarnos en hacer que el nacionalismo exacerbado no continúe proponiendo, con formas nuevas, las aberraciones del totalitarismo. Es un compromiso que vale, obviamente, incluso cuando se asume, como fundamento del nacionalismo, el mismo principio religioso, como por desgracia sucede en ciertas manifestaciones del llamado «fundamentalismo».
12. Señoras y señores, la libertad es la medida de la dignidad y de la grandeza del hombre.Vivir la libertad que los individuos y los pueblos buscan es un gran desafío para el crecimiento espiritual del hombre y para la vitalidad moral de las naciones. La cuestión fundamental, que hoy todos debemos afrontar, es la del uso responsable de la libertad, tanto en su dimensión personal, como social. Es necesario, por tanto, que nuestra reflexión se centre sobre la cuestión de laestructura moral de la libertad, que es la arquitectura interior de la cultura de la libertad.
La libertad no es simplemente ausencia de tiranía o de opresión, ni es licencia para hacer todo lo que se quiera. La libertad posee una «lógica» interna que la cualifica y la ennoblece: está ordenada a la verdad y se realiza en la búsqueda y en el cumplimiento de la verdad. Separada de la verdad de la persona humana, la libertad decae en la vida individual en libertinaje y en la vida política, en la arbitrariedad de los más fuertes y en la arrogancia del poder. Por eso, lejos de ser una limitación o amenaza a la libertad, la referencia a la verdad sobre el hombre, —verdad que puede ser conocida universalmente gracias a la ley moral inscrita en el corazón de cada uno— es, en realidad, la garantía del futuro de la libertad.
13. Bajo esta perspectiva se entiende que el utilitarismo, doctrina que define la moralidad no en base a lo que es bueno sino en base a lo que aporta una ventaja, sea una amenaza a la libertad de los individuos y de las naciones, e impida la construcción de una verdadera cultura de la libertad. El utilitarismo tiene consecuencias políticas a menudo negativas, porque inspira un nacionalismo agresivo, en base al cual el someter una nación más pequeña o más débil es considerado como un bien simplemente porque responde a los intereses nacionales. No menos graves son las consecuencias del utilitarismo económico, que lleva a los países más fuertes a condicionar y aprovecharse de los más débiles.
Frecuentemente estas dos formas de utilitarismo van juntas, y es un fenómeno que ha caracterizado notoriamente las relaciones entre el «Norte» y el «Sur» del mundo. Para las naciones en vías de desarrollo el alcanzar la independencia política a menudo ha implicado de hecho una dependencia económica de otros países. Se debe subrayar que, en algunos casos, las áreas en vías de desarrollo han sufrido incluso tal retroceso que algunos Estados carecen de medios para hacer frente a las necesidades esenciales de sus pueblos. Semejantes situaciones ofenden la conciencia de la humanidad y plantean un formidable desafío moral a la familia humana. Afrontar este desafío requiere obviamente cambios tanto en las naciones en vías de desarrollo como en las económicamente más avanzadas. Si las primeras saben ofrecer garantías seguras de gestión correcta de los recursos y ayudas, así como de respeto de los derechos humanos, pasando, donde sea necesario, de formas de gobierno injustas, corruptas o autoritarias a otras de tipo participativo y democrático, ¿no es acaso verdad que de este modo se dará vía libre a los mejores recursos civiles y económicos de la propia gente? Y los países ya desarrollados, ¿no deben acaso madurar, por su parte, en esta perspectiva, actitudes no sujetas a lógicas puramente utilitaristas sino caracterizadas por sentimientos de mayor justicia y solidaridad?
Ciertamente, ilustres señoras y señores, es necesario que en el panorama económico internacional se imponga una ética de la solidaridad, si se quiere que la participación, el crecimiento económico, y una justa distribución de los bienes caractericen el futuro de la humanidad. La cooperación internacional, auspiciada por la Carta de las Naciones Unidas «para la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario» (art. 1,3), no puede ser concebida exclusivamente como ayuda o asistencia, o incluso mirando a las ventajas de contrapartida por los recursos puestos a disposición. Cuando millones de personas sufren la pobreza —que significa hambre, desnutrición, enfermedad, analfabetismo y miseria— debemos no sólo recordar que nadie tiene derecho a explotar al otro en beneficio propio, sino también y sobre todo reafirmar nuestro compromiso con la solidaridad que permite a los otros vivir en las concretas circunstancias económicas y políticas; nuestro compromiso con la creatividad, que es una característica de la persona humana y que hace posible la riqueza de las naciones.
14. Ante estos enormes desafíos, ¿cómo no reconocer el papel que corresponde a la Organización de las Naciones Unidas? A cincuenta años de su institución, se ve aún más su necesidad, pero se ve aún mejor, conforme a la experiencia realizada, que la eficacia de este máximo instrumento de síntesis y coordinación de la vida internacional depende de la cultura y de la ética internacional en la que se basa y que expresa. Es necesario que la Organización de las Naciones Unidas se eleve cada vez más de la fría condición de institución de tipo administrativo a la de centro moral, en el que todas las naciones del mundo se sientan como en su casa, desarrollando la conciencia común de ser, por así decir, una «familia de naciones». El concepto de «familia» evoca inmediatamente algo que va más allá de las simples relaciones funcionales o de la mera convergencia de intereses. La familia es, por su naturaleza, una comunidad fundada en la confianza recíproca, en el apoyo mutuo y en el respeto sincero. En una auténtica familia no existe el dominio de los fuertes; al contrario, los miembros más débiles son, precisamente por su debilidad, doblemente acogidos y ayudados.
Son éstos, trasladados al nivel de la «familia de las naciones», los sentimientos que deben construir, antes aún que el mero derecho, las relaciones entre los pueblos. La ONU tiene el cometido histórico, quizás epocal, de favorecer este salto de cualidad de la vida internacional, no sólo actuando como centro de mediación eficaz para la solución de los conflictos, sino también promoviendo aquellas actitudes, valores e iniciativas concretas de solidaridad que sean capaces de elevar las relaciones entre las naciones desde el nivel «organizativo» al, por así decir, «orgánico»; desde la simple «existencia con» a la «existencia para» los otros, en un fecundo intercambio de dones, ventajoso sobre todo para las naciones más débiles, pero en definitiva favorecedor de bienestar para todos.
15. Sólo con esta condición se superarán no únicamente las «guerras combatidas», sino también las «guerras frías»; no sólo la igualdad de derecho entre todos los pueblos, sino también su activa participación en la construcción de un futuro mejor; no sólo el respeto de cada una de las identidades culturales, sino su plena valorización, como riqueza común del patrimonio cultural de la humanidad. ¿No es quizás éste el ideal propuesto por la Carta de las Naciones Unidas, cuando pone como fundamento de la Organización «el principio de la igualdad soberana de todos sus miembros» (art. 2,1), o cuando la compromete a «fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos» (art. 1,2)? Es ésta la vía maestra que debe ser recorrida hasta el fondo, incluso con oportunas modificaciones, si fuera necesario, del modelo operativo de las Naciones Unidas, para tener en cuenta todo lo que ha sucedido en este medio siglo, con el asomarse de tantos nuevos pueblos a la experiencia de la libertad en la legítima aspiración a «ser» y a «contar» más.
Que todo esto no parezca una utopía irrealizable. Es la hora de una nueva esperanza, que nos exige quitar del futuro de la política y de la vida de los hombres la hipoteca paralizante del cinismo. Nos invita a esto precisamente el aniversario que estamos celebrando, proponiéndonos de nuevo, con la idea de las «naciones unidas», una idea que habla elocuentemente de mutua confianza, de seguridad y solidaridad. Inspirados por el ejemplo de cuantos han asumido el riesgo de la libertad,¿podríamos nosotros no acoger también el riesgo de la solidaridad, y por tanto el riesgo de la paz?
16. Una de las mayores paradojas de nuestro tiempo es que el hombre, que ha iniciado el período que llamamos la «modernidad» con una segura afirmación de la propia «madurez» y «autonomía», se aproxima al final del siglo veinte con miedo de sí mismo, asustado por lo que él mismo es capaz de hacer, asustado ante el futuro. En realidad, la segunda mitad del siglo XX ha visto el fenómeno sin precedentes de una humanidad incierta respecto a la posibilidad misma de que haya un futuro, debido a la amenaza de una guerra nuclear. Aquel peligro, gracias a Dios, parece haberse alejado —y es necesario alejar con firmeza, a nivel universal, todo lo que lo pueda volver a acercar, si no reactivar—, pero permanece sin embargo el miedo por el futuro y del futuro.
Para que el milenio que está ya a las puertas pueda ser testigo de un nuevo auge del espíritu humano, favorecido por una auténtica cultura de la libertad, la humanidad debe aprender a vencer el miedo. Debemos aprender a no tener miedo, recuperando un espíritu de esperanza y confianza. La esperanza no es un vano optimismo, dictado por la confianza ingenua de que el futuro es necesariamente mejor que el pasado. Esperanza y confianza son la premisa de una actuación responsable y tienen su apoyo en el íntimo santuario de la conciencia, donde «el hombre está solo con Dios» (Cons. past. Gaudium et spes, 16), y por eso mismo intuye que no está solo entre los enigmas de la existencia, porque está acompañado por el amor del Creador.
Esperanza y confianza podrían parecer argumentos que van más allá de los fines de las Naciones Unidas. En realidad no es así, porque las acciones políticas de las naciones, argumento principal de las preocupaciones de vuestra Organización, siempre tienen que ver también con la dimensión trascendente y espiritual de la experiencia humana, y no podrían ignorarla sin perjudicar a la causa del hombre y de la libertad humana. Todo lo que empequeñece al hombre daña la causa de la libertad. Para recuperar nuestra esperanza y confianza al final de este siglo de sufrimientos, debemos recuperar la visión del horizonte trascendente de posibilidades al cual tiende el espíritu humano.
17. Como cristiano, además, no puedo no testimoniar que mi esperanza y mi confianza se fundan en Jesucristo, de cuyo nacimiento se celebrarán los dos mil años al alba del nuevo milenio. Nosotros, los cristianos, creemos que en su muerte y resurrección han sido plenamente revelados el amor de Dios y su solicitud por toda la creación. Jesucristo es para nosotros Dios hecho hombre, que ha entrado en la historia de la humanidad. Precisamente por esto la esperanza cristiana respecto al mundo y su futuro se extiende a cada persona humana. No hay nada auténticamente humano que no tenga eco en el corazón de los cristianos. La fe en Cristo no nos empuja a la intolerancia; al contrario, nos obliga a mantener con los demás hombres un diálogo respetuoso. El amor por Cristo no nos aparta del interés por los demás, sino más bien nos invita a preocuparnos por ellos, sin excluir a nadie y privilegiando si acaso a los más débiles y a los que sufren. Por tanto, mientras nos acercamos al bimilenario del nacimiento de Cristo, la Iglesia no pide más que poder proponer respetuosamente este mensaje de la salvación, y promover con espíritu de caridad y servicio la solidaridad de toda la familia humana.
Señoras y señores, estoy ante ustedes al igual que mi predecesor el Papa Pablo VI hace exactamente treinta años, no como uno que tiene poder temporal —son palabras suyas— ni como un líder religioso que invoca especiales privilegios para su comunidad. Estoy aquí ante ustedes como un testigo: testigo de la dignidad del hombre, testigo de esperanza, testigo de la convicción de que el destino de cada nación está en las manos de la Providencia misericordiosa.
18. Debemos vencer nuestro miedo del futuro. Pero no podremos vencerlo del todo si no es juntos. La «respuesta» a aquel miedo no es la coacción, ni la represión o la imposición de un único «modelo» social al mundo entero. La respuesta al miedo que ofusca la existencia humana al final del siglo es el esfuerzo común por construir la civilización del amor, fundada en los valores universales de la paz, de la solidaridad, de la justicia y de la libertad. Y el «alma» de la civilización del amor es la cultura de la libertad: la libertad de los individuos y de las naciones, vivida en una solidaridad y responsabilidad oblativas.
No debemos tener miedo del futuro. No debemos tener miedo del hombre. No es casualidad que nos encontremos aquí. Cada persona ha sido creada a «imagen y semejanza» de Aquel que es el origen de todo lo que existe. Tenemos en nosotros la capacidad de sabiduría y de virtud. Con estos dones, y con la ayuda de la gracia de Dios, podemos construir en el siglo que está por llegar y para el próximo milenio una civilización digna de la persona humana, una verdadera cultura de la libertad. ¡Podemos y debemos hacerlo! Y, haciéndolo, podremos darnos cuenta de que las lágrimas de este siglo han preparado el terreno para una nueva primavera del espíritu humano.
Un estudio pionero realizado por científicos de la Universidad Wisconsin-Madison revela que es posible ejercitar la empatía, de la misma forma que aprendemos a tocar un instrumento o practicamos un deporte.
Para llegar a esta conclusión, el psiquiatra Richard Davidson ha recurrido a las imágenes obtenidas mediante resonancia magnética funcional, que permiten observar el cerebro en funcionamiento. En concreto, sus experimentos se han centrado en analizar los efectos de las técnicas de meditación compasiva, que potencian “la bondad, entendida como el deseo de felicidad para los otros, y la compasión o el deseo de aliviar el sufrimiento de los demás” según explica el propio investigador, que ha trabajado durante muchos años personalmente con el Dalai Lama. De este modo ha podido comprobar cómo al escuchar la voz de una mujer afligida o la risa de un bebé, se activa en nuestro cerebro una región vinculada a las emociones conocida como ínsula. Y ha demostrado que su actividad es mucho más intensa en un monje budista tibetano que en cualquier otro sujeto. Además, los experimentos revelaron que las “Podemos sa personas entrenadas en la meditación compasiva también exhibían mayor actividad en ciertas zonas del hemisferio derecho cerebral vinculadas a la empatía, especialmente a la capacidad de sentir el estado emocional y mental de los demás. Podemos sacar provecho de nuestra plasticidad cerebral para potencial la compasión y la felicidad, e incluso para combatir la depresión”, afirma Davidson, que también está interesado en poner a prueba estas técnicas en adolescentes para prevenir la agresividad y la violencia.
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Bajo el lema «La Educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida», ayer se inauguró en el auditorio Víctor Villegas de Murcia el I congreso internacional sobre el futuro de la enseñanza de religión escolar (ERE). Un evento que ha sido organizado por la delegación episcopal de enseñanza de la Diócesis de Cartagena, y en el que se darán cita hasta mañana un total de 400 personas entre profesores de Religión y docentes cristianos de cualquier área, así como estudiantes de Teología, Ciencias Religiosas y Magisterio.
De este modo, el obispo de la Diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca Planes; el presidente de la comisión episcopal de enseñanza y catequesis de la conferencia episcopal española, Casimiro López; el consejero de Educación, Formación y Empleo, Constantino Sotoca, el alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, y el presidente del Consejo Escolar de la Región de Murcia, Luis Navarro, fueron los encargados de dar la bienvenida a todos los congresistas que participan en esta primera edición.
Así, el consejero resaltó la idea de que «la Religión debe de seguir formando parte de la educación de nuestros hijos», así como destacó las aportaciones que esta asignatura consigue en los escolares ya que «las clases de Religión ofrecen un espejo que ayuda a los alumnos a configurar sus valores como, por ejemplo, la tolerancia». Al hilo, Sotoca matizó «la importante labor que tienen encomendada en estos momentos los 621 profesores de Religión de la Región».
Por su parte, el alcalde de Murcia destacó la satisfacción que supone para la ciudad «ser los anfitriones de esta reunión internacional que va a permitir debatir sobre el futuro de la enseñanza de Religión escolar», así como también destacó la importancia de trasmitir a los escolares una serie de valores «que les lleven a vivir en libertad». Por último, Cámara invitó a todos «a trabajar en el congreso», pero también a «disfrutar de su estancia en este ciudad a través de todos los atractivos que posee».
El programa continuará hoy con las ponencias «Debilidad y fortaleza de la clase de Religión, una mirada a España y a Europa» y «La ERE, ministerio de la palabra».
Fuente: Razon.es