
Entre los días 1 al 4 de septiembre ha tenido lugar una nueva edición de la Semana Diocesana de Formación 2026. Alrededor de 200 personas han participado de los cursos ofrecidos, que en esta ocasión se han desarrollado entre el Seminario Metropolitano –sede habitual de la Semana– y la Facultad Padre Ossó. Uno de los cursos con mayor participación fue el que llevó por título «Gamificación. Aprender para enseñar jugando», impartido por el Delegado de Enseñanza de la diócesis de Almería, sacerdote y profesor de Religión Antonio Manzano, con quien hablamos:
¿Cómo surge la «gamificación» y cómo comienza a trabajar en este ámbito?
Mi obispo don Antonio también me dice que le hablo un lenguaje que no entiende. Surge cuando me piden que vuelva a dar clases de Religión en el Colegio Diocesano y descubro que, a mis alumnos, el lenguaje de la Religión les cuesta. Además, yo venía del ámbito canónico, había hecho Derecho Canónico en Salamanca y lo cierto es que me situaba en las antípodas de la enseñanza. Fue el espíritu de intentar cómo poder llegar a los alumnos para que pudieran entender de una forma clara el mensaje de la fe y, por tanto, la doctrina de la Iglesia. Y, bueno, en ese afán investigador surge este modelo muy pionero en aquel momento en el ámbito de la pedagogía –estamos hablando de hace seis años– , pero que ha aparecido con una fuerza increíble.

¿Cuál fue el primer juego, cómo nació?
El primer juego fue «Multipoli en tiempos de Jesús», ese fue mi primer hijo. Surge precisamente para poder dotar a los alumnos de una realidad inmersiva en el mensaje del Evangelio, pero también en la política que Jesús vivió, cuáles fueron las ciudades en las que Jesús vivió, cuáles fueron las monedas que usó y qué es lo que nos enseñó. Todo eso se montó usando de fondo el famoso Monopoly, Multipoli o Palé, que tiene distintas variables y, en vez de haber calles, había ciudades y son todas las ciudades evangélicas o neotestamentarias. En lugar de haber suerte y sorpresa aparece aprendizaje y enseñanza y, en lugar de haber dólares o euros, aparecen denarios, con lo cual tiene toda una realidad expositiva para que, siendo los alumnos protagonistas, puedan aprender jugando. No se trata de jugar ni de perder el tiempo en clase, sino de aprender jugando. Algún compañero en el colegio diocesano no me dijo: «los niños no vienen a clase a jugar». Le invité a que pasara a clase y le dije: dime tres ciudades del Evangelio. El profesor mencionó Belén, Nazaret y Jerusalén ¿Sabes lo que dijeron mis alumnos?: Tiro, Sidón y Betsaida. Con lo cual descubrí que era realmente un camino para explorar, un camino porque tenía realmente mucho provecho el poder usarlo.
Luego vino la «niña de mis ojos», que es «La Oca con Jesús»: un recorrido por la Historia de la Salvación, un juego que es multidisciplinar, multitemático y abierto, que deja la conclusión del juego a la creatividad del profesor. Es un juego en el que te metes dentro de la Historia de la Salvación con una narrativa desde los símbolos y desde la imagen, que te da unas casillas de preguntas donde tú puedes dotar al juego de contenido, por eso es multidisciplinar y, de la misma manera, también es un juego abierto, porque la conclusión de ese juego la puede realizar el profesor de Religión. Lo puede hacer a través de unas tarjetas de preguntas, pero puede haber muchas otras opciones como algo que yo voy a poner de moda ahora con mis alumnos: les voy a pedir que los proyectos me los entreguen en un podcast de minuto y medio, donde me tienen que hacer la conclusión del juego. Finalmente vino el juego «Tres», para conocer los personajes de la Biblia, que los chiquillos no los conocen porque no leen la Biblia, con lo cual es una manera de conocerlo. Y ahora vendrá «Palabra rápida», acabo de hablar con la editorial Edelvives hace 10 minutos y justo está entrando a la imprenta. Con «Palabra rápida» quiero que el alumno gane en agilidad mental y en riqueza de vocabulario. Quiero que sean rápidos a la hora de poder comprender y entender aquello que se le está preguntando y eso se consigue a través de una metodología donde se les da una carta de situación y ellos responden a esa carta de situación con una de las palabras que tú les ofreces.
¿Podemos afirmar que se aprende más jugando?
Sin duda, estoy plenamente convencido. Y desde la clase de Religión tenemos una posibilidad única, con el currículum que nos ofrece la Conferencia Episcopal, es realmente alucinante las cantidad de posibilidades que tenemos para poder llevar a la práctica esta pedagogía que nos sitúa a la vanguardia. Y no solo eso, sino que sobre todo en la Escuela Católica la clase de Religión puede ser una clase que despierte la multidisciplinariedad dentro del currículum escolar. Es un reto que tenemos por delante y que, desde la Iglesia, lo tenemos que afrontar también. Porque hemos sido muy vanguardistas en la pedagogía: ahí están los hermanos de la Salle, los Escolapios, el padre Manjón, el padre Ossó… Creo que el juego y el aprendizaje nos sitúa en esa corriente vanguardista que es la que la Iglesia y la enseñanza religiosa siempre ha mantenido.
Me pedía algún profesor de Religión si podría explicar cómo se aplica luego esto en el aula, en el día a día. ¿Cuándo se aplica el juego, durante toda la clase o sólo en algunos momentos?
Bueno, tiene que haber de todo. Es decir, el profesor tiene que ver la idoneidad de cuándo hay que usar el juego, pero se trata de que aprendan jugando. Yo normalmente, por ejemplo, cuando uso Multipoli les doy una muy buena introducción y les trazo muy bien qué es lo que quiero conseguir con ello. El principio de la «gamificación» está en qué quiero enseñar y cómo lo voy a enseñar. Muchas veces podemos recurrir al juego como un recurso de inicio de curso o de final de curso y dejarlo ahí aparcado, pero no se trata de eso. Se trata de que entre en la programación y en la planificación de nuestras clases, que yo tenga la habilidad de poder enseñar jugando. Es decir, tengo que trabajar muchísimo más para prepararme las clases porque yo, realmente, una clase con un libro no necesito preparármela. Pero con mi juego sí, es decir, ¿qué es lo que quiero enseñar? Si quiero dedicar un trimestre, por ejemplo, al estudio de la realidad evangélica, les tengo que explicar a los alumnos qué pasó en esas ciudades, qué es lo que pretendo y tengo que dejarles que jueguen. Con lo cual, tengo que trazar muy bien cuál va a ser la planificación y en qué momento va a entrar el juego.
«Multipoli» y «Una Oca con Jesús»
¿Cuál de ellos es el que tiene más éxito, por curiosidad?
Bueno, yo creo que los tres que están publicados han tenido un éxito extraordinario. La editorial Edelvives me decía que comienza la segunda edición tanto de «La OCA con Jesús» como del juego del «3». Y Multipoli tiene también ya la segunda edición en marcha. O sea, que yo creo que ya el éxito está asegurado.
Los chicos de ahora no son los mismos que los de hace 20 años. La introducción a las pantallas y la evolución de la comunicación hace que las diversiones hayan cambiado, pero supongo que los juegos que propones son universales.
Bueno, el éxito del juego de mesa es palpable. Es verdad que yo luego tengo una vertiente muy tecnológica. Tengo un blog de religión, Game Reli, donde doy muchos recursos, porque tampoco podemos, como dice el Papa León XIV, «arrinconar la tecnología», sino que hay que humanizarla y darle un buen uso. Pero las posibilidades que el juego de mesa abre, de cooperación, de trato, de reto… son palmarias cuando en la pedagogía se está volviendo, sobre todo en las asignaturas troncales, se está volviendo a una apuesta por el libro de texto y por el papel, con lo cual también nosotros nos situamos en esa corriente donde el alumno pueda propiciar la interacción entre los alumnos de la clase.
FUENTE: iglesiadeasturias.org
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